
Portada de Claro de Tierra
He terminado Claro de Tierra, de Arthur C. Clarke. Me ha decepcionado un poco. Para ser de Clarke, me esperaba algo más. En teoría, es una mezcla de la novela de ciencia ficción con la de espionaje. En la práctica, la ciencia ficción presente ha quedado totalmente desfasada y el espionaje es bastante simplón.
Digo que ha quedado desfasada porque fue escrita en 1941 y hay aspectos del futuro descrito que hacen reír. Por ejemplo:
- Usan papel. Mucho papel, para todo. Hace 70 años la revolución digital no podía preverse. Por eso siguen enviado cartas de papel (desde la Luna), usan archivadores y libretas de papel en las colonias lunares, sólo leen periódicos convencionales, etcétera.
- Revelan fotografías a la vieja usanza. Como digo, nada digital. No importa que se hayan colonizado Marte y Venus, las fotografías se siguen usando a través de negativos y productos químicos.
- Los ordenadores se alimentan de información a través de tarjetas perforadas.
Son sólo aspectos que el bueno de Clarke no podía prever. A mí no me suelen importar esos detalles, siempre me interesa leer cómo imaginaban el futuro en otras épocas sin nuestro conocimiento actual. Pero, como digo, entre el paso del tiempo y que la trama en sí no es ninguna maravilla, la novela resulta mediocre. Cabe destacar, sin embargo, el pasaje en que las naves de guerra de la Federación (formada por los planetas y satélites colonizados) se enfrentan a una fortaleza de la Tierra en la Luna. La descripción de la batalla es sencillamente alucinante.
La idea inicial, por cierto, aquella que conjetura el conflicto político y militar entre la madre Tierra y las colonias humanas en otros planetas por hacerse con los recursos minerales, es bastante atrayente. Por lo demás, el espionaje que acontece es burdo y el argumento no es aterradoramente bueno. Pero es de Clarke, y hay que leerla.


[...] De Adiazman en su blog [...]
Si, probablemente lo sea