Compré Friki, de Enric Herce Escarrá, por error. Lo elegí del catálogo de una librería online porque el argumento me pareció medianamente interesante: una de las civilizaciones más avanzadas de la galaxia formula una petición AJ-19 (alegando que los humanos están haciendo mal uso de su planeta) a la Organización Estelar de Conflictos Interplanetarios, mientras que en la Tierra hay un niño al que todos llaman friki en su colegio… No es que me atrajera demasiado, pero tampoco era caro y yo devoro cualquier cosa que huela a ciencia ficción, por cutre que sea, así que lo añadí al carrito de la compra junto con el resto del pedido y apreté el botón aceptar.
Para mi sorpresa, se trataba de un libro infantil. Aún así no me maldije mucho por mi error. En realidad, creo que en la literatura infantil se pueden encontrar escenificados ciertos valores básicos y, a veces, parábolas acertadas. Friki es corto y sencillo, pues es para niños, pero contiene uno de esos valores que yo considero necesarios inculcar a las generaciones venideras: el respeto por la naturaleza y el medio ambiente.
Empieza muy mal y termina bien. Me explico: comienza relatando el martirio de un crío al que acosan sus compañeros de colegio -salvo un par de amigos- y cuyos padres se acaban de separar. No me gustó el tema. Para ver desgracias ya está el telediario. No creo, sinceramente, que los niños necesiten leer sufrimiento. Sin embargo, el autor no lo lleva mal del todo e incluso hay una pelea imposible con los mayores del colegio en la que ganan friki y sus dos amigos contra todo pronóstico. Después, el cuento mejora: llegan los aliens y friki se convierte en protagonista de un combate dialéctico entre los extraterrestres denunciantes y los humanos.
Tiene alguna gota de humor, aunque muy poco, y me parece que está narrado con cierta inteligencia (para chavales de nueve o diez años). El mensaje que proclama es claro: no sólo la comunión con el medio ambiente para salvaguardar la vida del planeta, sino también la convicción de que ser un poco especial, o incluso raro, no es un defecto sino que puede llegar a ser una virtud.
Por lo demás, lo recomiendo para regalar a los hijos o sobrinos de uno, porque encontrarán en la historia el eje central del desenlace: el valor de los buenos relatos.


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Friki es una de mis próximas lecturas.